Nadie te avisa que la añoranza también tiene mañanas. Te despiertas, recuerdas, y por un segundo el mundo entero queda en silencio — como si te pidiera permiso para respirar. Es en ese instante cuando la ausencia se convierte en una nueva forma de presencia: esa que vive dentro, y que nadie más puede quitarte.
No necesitas olvidar para continuar. Solo necesitas permitirte sentir, a tu tiempo, el amor que quedó…
fragmento — capítulo 1
